jueves, 17 de diciembre de 2015

La Cumbre del Clima de París 2015



El tema del Cambio Climático Global ha alcanzado una dimensión política-ideológica desusada en materias de índole científica pero que tiene precedentes importantes, como la controversia generada por la teoría de la evolución de Darwin. Aunque el llamado efecto invernadero tiene una base física demostrable en laboratorio, y hoy son escasos los científicos que niegan las evidencias de la responsabilidad humana en el incremento de la concentración de gases invernadero y en su efecto en la temperatura atmosférica, existe un “núcleo duro” que se niega a aceptar estas relaciones y consecuencias. Dicho núcleo cuenta con el apoyo de importantes sectores económicos y políticos, en particular en EEUU. Incluso ha cobrado impulso una posición que no niega el cambio climático sino que lo acepta como una consecuencia inevitable de una nueva era geológica conformada por la actividad humana: el Antropoceno.
En cambio, existen otros sectores que temen los imprevisibles efectos que implica el cambio en curso, como el representado por el Senador (EEUU) Bernie Sanders, quien lo califica como el mayor riesgo de seguridad que enfrenta su país. Sanders comparte la opinión de que el cambio climático está directamente ligado al crecimiento del terrorismo en Medio Oriente y en el norte de África,al tensionar las relaciones sociales a través de la escasez hídrica, como la que afecta a Siria desde hace varios años (Sci. Amer. 20/11/2015). En este ambiente tensionado es positivo el hecho de que los recientes ataques terroristas a París no hayan afectado la planificación de la Cumbre del Cima (COP-21) prevista para realizarse en esa ciudad entre el 30 de Noviembre y el 11 de Diciembre del presente año. Sin embargo, las discusiones de esa Cumbre, centradas en un protocolo que substituya al de Kioto de 1997, se anticipan muy difíciles. Ello, porque no parece posible  impulsar o al menos mantener el ritmo de desarrollo de un país al mismo tiempo que se reducen sus emisiones de gases invernadero. A lo anterior se suma el estímulo que implica el actual petróleo barato, consecuencia del revolucionario proceso de fracking, así como el hecho de que no todos los grandes países emisores están dispuestos a asumir compromisos. Así, los EEUU no llegaron a ratificar el protocolo de 1997 y China se excluyó de firmarlo, apoyada en su relativo subdesarrollo. Aunque las llamadas “nuevas energías” han progresado mucho en los últimos 25 años y se pueden esperar logros mucho mayores, la triste realidad es que entre el año 2000 y el 2010 las emisiones aumentaron un 24% (Other News, 24/11/2015). En consecuencia es conveniente aceptar el hecho de que probablemente la situación se deteriorará mucho para mediados del siglo y será muy difícil a fines de él. Ello implicará una gran estrechez hídrica (sumada al crecimiento de la población mundial), mayor intensidad y frecuencia de los fenómenos ciclónicos, amenazas a los sectores costeros por el ascenso de los niveles del mar, etc.  Todo esto sumado a las amenazas políticas y geopolíticas que tales trastornos implican.

1 comentario:

  1. Entonces...estaríamos atravesando una Era Geológica llamada Antropoceno...jajajaja

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